miércoles, 8 de agosto de 2007

IDENTIDADES JUVENILES

Por: Milton Patiño Ocampo


Hay una tesis desde la cual desearía expresar estas ideas y es que a medida que los grandes medios de comunicación proponen hegemonizar los consumos culturales, los grupos juveniles, como activos que son del consumo mediático emergen con sofisticadas formas de reapropiación de sus espacios de socialización y proponen una lectura que esta aun por construirse.

Rossana Reguillo al investigar sobre identidades juveniles y usos de la comunicación en ciudad de Méjico propone abordar la identidad desde una triple referencia: Situacional, de clan o grupo y simbólica.

Lo situacional define el lugar físico y social que va introyectando en el actor una idea de quien es, quien ha sido y cuales son sus posibilidades objetivas. El espacio urbano es el referente material, espacio en permanente construcción, atravesado por mediaciones políticas, económicas y culturales. Los procesos de producción y reproducción de la vida social ocurren asimétricamente, desiguales y diferenciados para sus habitantes. Para unos será el espacio de ejercicio del poder y para otros representa la opresión y explotación. El espacio urbano es acción y representación, solo analíticamente es posible pensar por separado su dimensión material y su dimensión simbólica.

El clan o grupo

En los grupos de semejantes ocurren las ceremonias y ritos con que la sociedad, a través de actos instituyentes “dota” de una identidad a los actores. Los ritos transfieren la creencia de todo un grupo o de una institución a un individuo, lo autorizan mediante actos de nombramiento, ritos de iniciación o ritos de paso

Objetivación simbólica

Formulación tangible y material de la identidad que se vehicula en el propio cuerpo, en el lenguaje, en el gesto, en los estilos en el consumo cultural. Los sistemas de representación simbólica le dan sentido a las relaciones de producción y organización social que articulan lo urbano. Las identidades son de naturaleza simbólica y relacional, cuya constitución se inscribe en la dinámica cultural. Necesita no obstante exteriorizarse, objetivarse de algún modo; para constituirse necesita una alteridad, un nosotros frente a los otros.

Pese a las disparidades entre los distintos tipos de adscripciones identitarias de los jóvenes hay una constante: el grupo de pares que opera sobre la base de una comunicación cara a cara; se constituye en un espacio de confrontación, producción y circulación de saberes que se traduce en acciones. Han aprendido a tomar la palabra a su manera y a reapropiarse de los instrumentos de comunicación.

Las preguntas de comienzo de este siglo en el panorama político son quien o quienes están socializando para la vida, donde los inspiradores, donde los espacios de inclusión donde los procesos articuladores que integren en la esfera pública las diversas voces y esfuerzos.

La complejidad del tejido social hoy, con multiplicidad de colectivos que están dinamizando la sociedad en el día a día, requiere estudiar las formas organizativas que desde abajo plantean propuestas de gestión y de acción, aunque estas escapen a las formas tradicionales de concebir el ejercicio político y a sus escenarios habituales.

En las adscripciones identitarias juveniles en sus consumos culturales en sus expresiones hay un texto social que espera ser descifrado: el de una política con minúsculas que haga del mundo, del país de la localidad del futuro y del día un mejor lugar para vivir.

Extrayendo algunos fragmentos de lectura del libro “viviendo a toda”. Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades” encontramos el concepto de Juvenilizacion como extensión del consumo de los signos juveniles

La apariencia física es uno de los primeros datos que el sentido común registra cuando construye intuitivamente el universo de la juventud. La estética, en el sentido del original griego aisthesis, percepción, es lo que predomina en primera instancia cuando se trata de clasificar en esta categoría. Pero este compuesto sensorial surge de una convención estética, que va cambiando con el transcurso del tiempo. Los signos de la juventud vigente en los años de posguerra no coincide con los de los años 60’ y menos aun con los actuales: las formas y comportamientos típicos se van renovando.

El proceso al que llamamos juvenilizacion; señala un complejo articulado de signos que atraviesan el contexto cultural de la actualidad; en el confluyen dos series de acontecimientos: por una parte el avance de la cultura de la imagen y además el encumbramiento de lo juvenil, convertido en fetiche por los lenguajes hegemónicos de la sociedad de consumo.

Síntoma de este tiempo, la juvenilizacion habla de un cuerpo inalterable (gimnasia, dieta cirugía) estimuladas por un modelo estético mas mediático que emplea imágenes de jóvenes como iconos de identificación para contribuir a la venta de mercancías de todo tipo, un espejo sin tiempo una imagen sin pasado y sin las marcas de la historia. Caducan los lazos de compromiso y solidaridad, antes vigentes, y el empleo de parte considerable de sus energías y deseos en el apego narcisista al cultivo y atención del propio cuerpo.

Hoy lo moderno ve la juventud convertida en sujeto de consumo y publicidad. Lo joven- moderno pasa a significar entonces lo fresco, “relajado” lo espontáneo, lo informal. Lo joven es entonces el doble imaginario de un cuerpo sano y bello, ágil y atractivo y una moda espontánea e informal

Un segundo planteamiento sitúa la relación entre el mundo juvenil y el mundo adulto alrededor de lo que se conoce como des-ordenamiento cultural.

Jesús Martín Barbero habla de un Des-ordenamiento cultural y se apoya en la teoría de Margaret Mead quien sostiene que para algunas culturas el futuro no esta adelante sino atrás y propone tres miradas sobre el futuro

-Cultura postfigurativa

-Cultura cofigurativa

-Cultura prefigurativa

La Cultura postfigurativa ve el futuro de los niños y jóvenes por entero plasmado en el pasado de los abuelos, esto aun se encuentra en algunas comunidades indígenas

En la Cultura cofigurativa se busca el modelo de comportamiento en los contemporáneos

La Cultura prefigurativa, es una nueva cultura que se ve emerger con la revolución electrónica donde padres e hijos aprenden simultáneamente. El mejor ejemplo de esta última se encuentra en la relación del mundo adulto y el juvenil alrededor del uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Hablemos un poco de la televisión en particular y como esta altera relaciones que antes se daban cara a cara.

La TV rompe la separación del mundo adulto y sus formas de control, un niño accede con la misma facilidad a un programa infantil que a un programa para adultos; la tv exige hacer explicita la censura pero los tiempos no están para que eso se cumpla. La televisión rompe el orden de secuencias que en forma de etapas/edades organizaban el escalonado proceso del aprendizaje ligado a la lectura y las jerarquías en que este se apoya. Y al deslocalizar los saberes, la television desplaza las fronteras entre razón e imaginación, saber e información, trabajo y juego

Para recoger e hilar estos postulados con la tesis inicial creo que la relación entre identidades juveniles y las imposiciones de la moda y el mercado a través de la industrias culturales (cine, música, televisión, industria editorial) y todas la alteraciones culturales que ellas producen, generan también reacciones en el mundo o los mundos juveniles de acuerdo al lugar físico y social que estos ocupen así que lejos de pensar en salidas fatalistas creo que los jóvenes están hablando desde sus acciones de fuerza en las zonas marginales de la ciudad, están hablando desde el lenguaje del cuerpo con sus bailes y sus formas de vestir, están creando artísticamente con las nuevas posibilidades de la tecnología; mientras que otros tratan de encajar en las formas aprendidas de la política para dar continuidad al estado de cosas que hoy vivimos y otros se inventan nuevas formas de hacer o rechazar la política. La crisis de los años sesenta con los jóvenes vestidos de colores y con flores en el cabello rechazando la guerra de Vietnam generó un temor para el mundo adulto de aquella época, sin embargo hoy esos jóvenes ya son mayores de 60 años y algunos se encuentran en las esferas del poder y otros en algún lugar, haciendo su vida pero la historia no se detuvo. Hoy se cumple otro ciclo de crisis y serán estos jóvenes de hoy que en 20 años más tendrán las respuestas para donde ir o quizás nuevas preguntas.